INICIO > Género Noticias > Un 8 de marzo en Moscú

Por Georgina Larruz
No era un día soleado, al contrario, encapotado. Tulipanes, rosas y chocolates por todas partes. Cualquier momento y en cualquier lado se escuchaba un «Поздравляю», «с 8 марта», de acuerdo con la tradición rusa. Chicas que sonreían por encontrarse con chicos, quienes llevaban bouquetes grandes. Chicos que esperaban ansiosos sus citas. No era San Valentín, era el 8 de marzo. El que inició como el Día de la Mujer Trabajadora hace muchos años.

Algunas otras chicas seguían el camino hacia parque Sokolniki. Se acompañaban mutuamente para caminar, actividad favorita de muchos rusos… o eso parecía. Conforme se adentraban al parque, se dejaba ver a dónde iban. Así, en un área de no más de 100 metros cuadrados había un templete y un banner «8 Марта правильно». A la entrada, arcos detectores de metales y dos policías revisando las bolsas. Se escuchaban algunas canciones rusas tradicionales.

Junto al escenario, carteles pintados. Todos con frases como «Asuntos de mujeres» (y sus dibujos), «esta es mi decisión», «los hombres tienen miedo de que las mujeres dejen de tener miedo», «no quiero vivir en una sociedad donde la tradición sea no considerar a las mujeres como personas», «protesta como chica». Cada quien tomó su cartel y comenzaron las selfies, los Boomerangs, los mensajes de Telegram. Muchas chicas posando. Muchas chicas arregladas con ropa y accesorios ostentosos. Muchas chicas con algo que salía de los estándares de moda.

Una compañera de una marca de ropa comenzó a repartir pines. Los aceptamos. Nos da un flyer y nos invita a seguirla en Instagram. Dice que con la venta de productos, ayuda a fundaciones dedicadas a atender a mujeres violentadas.

Minutos más tarde, una de las organizadoras comienza a repartir el programa y un cancionero. Pensé, eran las consignas que se gritarían. Explica en inglés y ruso sobre qué tratará el mitin.  Todo perfectamente sincronizado, el espacio debe ser liberado a las 6 de la tarde.

Dan las 14.45 y la maestra de ceremonias dice que en unos minutos más dará comienzo el mitin. A esa hora había ya alrededor de 100 personas. Una cantidad mayor a la de años pasados, comentan. Algunas chicas llevaban tulipanes o los recibían de sus amigas. Quizá una muestra de sororidad que ellas podían entender.

De pronto, suena Lady Gaga y una de las organizadoras nos invitó a formar un circulo y bailar con pancartas. Como si se tratase de una presentación de baile, los asistentes grabaron con el celular. Después comenzó a sonar «Survivor» de Destiny’s Child.

«I’m a survivor. Thanks to make me a fighter» coreaban las asistentes a forma de consignas. ¿Qué querían decir con eso?

En eso, dos hombres comenzaron a regalar tulipanes a las asistentes. Todas rechazaron. Ellos comenzaron a bailar, cuan batalla de hip hop. Todas con gesto serio y de rechazo. Las organizadoras los echaron del mitin con diplomacia. No hubo gritos ni agresiones, y, en caso de ser necesario, la policía actuaría en consecuencia.

Dieron las 3 de la tarde y comenzó el mitin. Muchas activistas relataban sus vivencias en el campo de acción. En los intermedios hubo música que hizo olvidar el frío de Сокольники парк.

Я принцесса. Я красивая… canción con la que inició el encuentro. Todas agitamos el cuerpo. Se tornó un ambiente de energía incontenible, entre carteles y rock.

Cada intervención acarreaba consigo aplausos que se volvían más fuertes. Las pancartas formaron un mosaico multicolor, así como los feminismos del mundo. No importaba el idioma, pero si los ideales.

Gritamos con fuerza»мы победим», «это наш выбор»… Las organizadoras no ocultaron su emoción por ver más gente que en el mitin del año pasado y agradecieron a cada persona que asistió.

Así, cada invitada expresó sus experiencias y de cómo se percibía el feminismo ruso, además de las acciones que se estaban tomando ante la falta de una estadística oficial de violencia de género. Al fin de cuentas, Rusia tuvo una revolución femenina años atrás.

Antes de la hora pactada, el viento liberó al cielo y, cuando ocurría el último acto del evento, la energía femenina trastocó a todas y todos los presentes y convirtió al mitin en un espacio de familia. Porque, a final de cuentas, el espectro feminista lo es. No importa el idioma, mientras nos una el deseo de ver en plenitud nuestros derechos.

Deja un comentario


También podría interesarte

Conociendo más a la selección de Nigeria
Más vale viejo por conocido…
Futbol varonil arrasa contra el futbol femenil