INICIO > Noticias Opinión Pambolera > Rusia 2018: rompiendo clichés

Georgina Larruz /@LarruzMG

 

Día 7 y yo sigo sin superar Rusia.

Me da esa especie de nostalgia por extrañar tu patria (quizá suena muy ‘mamila’, pero nunca me había sentido tan en casa en un país que no fuera México) La gente de mi alrededor poco a poco deja de interesarse por mis historias o por mi viaje. Aún hay señales de jetlag en mis ritmos corporales. Mi mente me dice “hace una semana estábamos en…” ¿Depresión post vacaciones? Quizá.

La cosa aquí es que este viaje cambió mi vida y mi perspectiva del mundo, les dejo estas pequeñas reflexiones después de conocer un gran país como Rusia:

  1. Al igual que a todos los que fuimos al Mundial, descubrí una Rusia que no se parece nada a lo que nos han contado. ¿Rusos fríos? Para nada, yo encontré a unos grandiosos anfitriones, que hacían lo imposible por ayudarte. Por ejemplo, el señor con el que compartí tren de San Petersburgo a Moscú y que me invitó un té calientito con panecito dulce o aquella guía de turistas que me invitó a un restaurante, o aquella familia rusa que, al verme sola, me invitaron a su mesa para que no comiera parada e incómoda, o aquel voluntario que me ayudó a encontrar mi tren -el que me llevaría de regreso a Moscú y que estaba a punto de perder- y que sufrió conmigo esos minutos de adrenalina, o aquel chico que me llevó a conocer gran parte de Moscú y que al final me regaló una playera del Lokomotiv, su equipo favorito… no hubo día que no recibiera, al menos, una sonrisa de los anfitriones.

 

  1. Olvidé las diferencias de países. Todos los que fuimos estábamos unidos por el amor al futbol. No importaba el idioma, todos teníamos la misma emoción de gritar un gol, reclamar una falta, criticar alguna jugada fallida, brincar y brindar. Así de maravilloso es el futbol y ese, creo, era el verdadero mundial.

 

  1. Lo mismo aplicó para los mexicanos. Olvidamos a la quesadilla sin queso, la coca de naranja, el abanico y el clima. Todos nos fundíamos en un “México, México” en las calles., mostrando nuestras banderas. Y, sí, nos sentimos orgullosos que gente de otros países reconociera a jugadores como ‘Chicharito’, ‘Chucky’ Lozano y Ochoa o bien que recordaran el partido ante Alemania.

 

  1. Conocí historias de mexicanos que ahorraron durante 4 años. Muchos los tildaban de locos por querer irse al Mundial, y, ¡pum! ya llevaban hasta un mes en Rusia. ¡Qué mejor regalo de vida!

 

  1. Aprendí sobre el valor de las lágrimas de felicidad. Lloré en el avión que me llevaba a Londres, lloré en la función del Bolshoi, lloré en Peterhof, lloré en el partido al que fui (Partido por el tercer lugar). Jamás había sentido algo tan similar, y ahora son grandes recuerdos que abrazo con mucho amor.

 

  1. No todos los que vamos al mundial somos ‘juniors’. Desgraciadamente encontré comentarios en redes sociales sobre aquellos que nos fuimos, incluso en grupos de viajeros. Nos tildaban de delincuentes o ‘hijos de papi’. El viaje no me costó 500 pesos, pero tampoco acabé endrogada hasta mis 95 años. No sé si hay un dejo de envidia de la gente, pero creo que todos los que fuimos conocemos nuestra lucha y el gran logró que significó acudir a la máxima fiesta del futbol.

 

Otra cosa, encontré muchos comentarios de mochileros que criticaron a un chico que publicó su viaje al mundial. Ni viajar en plan austero te hace mejor persona, ni viajar en plan lujoso te vuelve superior ante los demás. Si un viaje te cambia la vida, no importan las circunstancias.

 

  1. Me volví más independiente y autosuficiente, pero un poquito más responsable de mí. Viajar sola te hace ser más observadora del entorno, yo tenía que escuchar atentamente los sonidos del metro al llegar a la estación, a ver cómo funcionaban las máquinas recargadoras de tarjetas del metro, fijarme en los precios de los snacks, e incluso aprendí a elegir manzanas. Comencé a ubicar algunas letras del cirílico (antes de Rusia yo le tenía pavor) Así se siente ser libre 🙂

 

  1. Amé estar conmigo misma. Disfrutar de cada una de las caminatas que me aventaba (desde las 10 am hasta las 2 am). Armé mis planes y traté de no ser tan rígida en su cumplimiento. Eran vacaciones, no un horario de oficina que había que cumplir. Amé caminar y sentarme a descansar, a sentir cada segundo y disfrutarlo.

 

  1. Vi los amaneceres más hermosos de mi vida. Uno de ellos, a las 3 de la mañana, desde mi ventana. (Hay foto, obvio)

 

  1. Vi los atardeceres más hermosos de mi vida tanto en Moscú como en San Petersburgo. En la ciudad norteña tuve la increíble experiencia de ver las noches blancas, es decir, que el sol no se oculta del todo y parece que el sol está por ocultarse a la 1 de la mañana.

 

  1. Aunque extrañé la comida mexicana, no añoré tanto el limón, la salsa, el aguacate. Simplemente te adaptas a lo que hay. En ese sentido, disfruté cada uno de los platillos que comí, sentía texturas, sazones, ingredientes. Todo lo posible.

 

  1. El valor de una muñeca de trapo, un pulparindo y un sombrero son inigualables. Nos hace falta valorar lo que tenemos y cómo lo mostramos al mundo.

    13) Aún a la sociedad le cuesta trabajo aceptar el que viajes sola y que tu intención no sea conseguir pareja. Muchas veces oí comentarios “¡Irás con tu novio! ¡Qué padre”, o a mi mamá “¿Segura que se fue sola? ¿Qué tal si se fugó con el novio?”, “Se me hace que va a ir a buscar marido extranjero”. A estos prejuicios, solo puedo decir “Yaytsa”.

 

Este viaje fue de las experiencias más increíbles de mi vida, en serio, y, sobre todo que llegó en una edad que pude disfrutarlo plenamente. ¡Nos vemos en Qatar!

 

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