INICIO > Entrevistas Noticias Opinión Pambolera > ¡Hasta pronto, mi Cuauh!

Sábado 5 de marzo del 2016, fecha que ha quedado marcada para siempre en el calendario del Americanismo. Y es que esa tarde no recibiríamos una jornada normal, esa tarde era para decir ¡ADIÓS, CUAUHTÉMOC BLANCO!

Por Karla Herrera @karlosta1

La despedida eterna, la que nunca pensamos que llegaría, y que el día que sucedió, nos dábamos de “topes” en la pared por ver retirarse a uno de nuestros mayores íconos con otros colores en la piel. No, no, no se podía asimilar que Cuauh… ¡Nuestro Cuauh!.. no se despidiera de las canchas con los colores que tantos años hizo magia.

Pero la vida y el futbol nos ponía otra oportunidad enfrente, y aquí estábamos reunidos en el Coloso de Santa Úrsula para verlo partir, ahora sí y como debía ser: vistiendo los colores del América.

Horas y horas antes, se preparaban los negocios ambulantes que desde luego no dejarían ir esta oportunidad y nos presentaban playeras, tazas, posters y un sinfín de suvenires que llevaban el rostro de la leyenda; los revendedores se aprovechaban del anhelo con el que llegaba cada aficionado para ofrecerle un boleto incluso hasta diez veces arriba de su precio original; el tráfico ponía de cabeza la paciencia y el colorido comenzaba a aparecer en la monumental explanada.

Una vez superada toda la locura que se presentaba para poder ingresar a la cancha, estábamos listos para lo que se convertiría en una fiesta, ¡el inicio de nuestra fiesta de centenario!

Entre aplausos, nervios y emoción apareció el tan esperado dorsal número 100. Chiflidos, gritos y cánticos le daban la bienvenida al césped que por años lo había cobijado y nos había regalado momentos épicos. Incluso, hasta el silbatazo inicial fue diferente.

Aunque no fueron los 90 minutos, las tribunas festejaban y aplaudían cada movimiento que realizaba el capitán de esta tarde, pero el momento en que definitivamente todos los corazones se detuvieron, fue en esa jugada… ¡jugadota! Que terminó en el travesaño. ¡QUÉ INJUSTO, CARAY! Ese golazo hubiera sido lo mínimo, lo ideal para convertir esa despedida en algo aún más inolvidable.

No culpo a todas aquellas que derramaron lágrimas ante la última “Temoseñal”, a quienes coreaban su nombre con la voz rota y referían a la cancha con una mirada que contrastaba emoción y felicidad. Al final de cuentas –y como decimos siempre-: Sólo entiende mi locura, quien comparte mi pasión.

Qué felicidad estar reunidos una vez más en el recinto águila con ese sentimiento de hermandad que de alguna u otra forma siempre nos une, qué felicidad ver que a las demás personas también les emociona lo que a ti, qué felicidad haber estado en la época de Cuauhtémoc y compartirla con esta gente que hoy levanta las manos junto contigo. Y qué felicidad también, ver que todos esperamos su regreso con la misma emoción que lo vimos portar nuevamente nuestro jersey.

¿Regreso? ¡Sí! No me digan que ustedes no sueñan con ver a la escuadra azulcrema dirigida por este grande. Porque yo estoy lista para ver reventar el azteca nuevamente, pero esta vez jornada tras jornada con él en el banquillo. ¡ADIÓS NO! ¡HASTA PRONTO, MI CUAUH!

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